estepona

Monday, November 02, 2009

Pandemia de jetas


Pandemia de jetas

La Tribuna. Málaga Hoy.
JETA encuentra en el diccionario de la Real Academia Española el siguiente lugar: desfachatez, poniendo de ejemplo "tiene mucha jeta", y unos renglones más abajo atribuye a jetear el significado de proceder con descaro ante una situación difícil. Traigo estas cosas de la mano de los doctos académicos porque embebidos en la gripe A, olvidamos la peligrosa pandemia de los jetas, con la natural preocupación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no acaba de encontrarle vacuna eficiente. Dicen los de los laboratorios que el jeta tiene rechazo genético a la vacunación de cualquier tipo. Es más, cuanto más agudo es su caso, más resplandor gana el rostro. Sonriente y tranquilo, bien vestido, posará para los medios de comunicación con aires frescos y sonrosados, sin pizca de color rojo, el emblemático de la vergüenza. Según las últimas noticias, la OMS teme la expansión voraz del getacocus, el virus de la epidemia, un microbio audaz, jetatorio, sin pudor, y rebelde al cepo microscópico. Da susto leer los informes sanitarios.

Hojear la prensa produce un respingo tras otro. Cuando el foco de Marbella parecía controlado, los contagiados de la plaga de la frescura en el funcionamiento de las licencias urbanas y rústicas comienzan a jetear y echarse la pelota unos a otros. Al final será algún muerto quien se lleve la exclusiva de la culpabilidad. Quizás por proximidad geográfica, el trapicheo del suelo saltó rápidamente a Estepona y pronto los infectados esteponeros salieron a la luz pública con el mejor de los ánimos y carentes de la más mínima rojez. No hay peligro, estamos curados de espanto, se les oyó decir. Incontrolado, el getacocus anida de pronto en El Ejido y de un golpe contagia a 20 individuos. Pero los sobresaltos no paran ahí, un villorrio de cuatro casas como Almogía sorprende con varios casos. O damos con la vacuna salvadora o acabará por verificarse la fórmula de todos tocados, salvo prueba en contrario.

Y ahora paso a los focos de mayor cuantía. Los hombres públicos tienen la mala costumbre de olvidarse del arte de dirigir una localidad o región y acaban echando mano del descaro y poniéndose el mundo por montera. Del getacocus Gürtel conocemos un tercio del sumario judicial, quedando, pues, dos tercios por ver la luz. Ya con el primero los dolores de cabeza del PP no acaban y a estas horas Rajoy, que hace tiempo que no pone la mano en el fuego por nadie, no sabe a ciencia cierta si el valenciano Costa está apartado de su partido de verdad o de mentirijillas. Se las ve y se las desea para tratar con Camps, que no sabe lo que es ponerse colorado desde que descubrió que los del Gürtel no son amigos suyos, sino de la Moncloa. En la próxima tacada les dará el carné del PSOE a El Bigotes y a Correa (Gürtel en alemán) que, al mozo, con sus trajes a la medida, le sobra pandemia para ello. Empiezo a admirar a El Bigotes por su capacidad de revolver la política y lanzo aquí la propuesta de su ascenso: que, en adelante, lo llamen Don Bigotes. Igual mérito veo en Correa, para cuyo caso propongo la condecoración Gross Gürtel (el Correazo). Rescato a Rajoy, que si por Levante limita con el papo (parte abultada entre la barba y el cuello) de Camps y por el Centro con su yunque Aguirre, que no le deja respirar en Caja Madrid, han acabado unos y otros por birlarle el espacio y anda como alma en pena sin saber dónde poner el huevo. A pesar de las estadísticas a favor de su partido, sus méritos personales siguen sin superar los de su eterno rival, Zapatero. Y es que no lo dejan tranquilo, por muy sereno que intente permanecer. No acababa de alzarse victorioso en su forcejeo presupuestario con la pipiola ministra Salgado, que, dicho sea de paso, de tablas no es precisamente Lola la Piconera, cuando el nerviosismo por el acoso mediático le quita reflejos y la cagada de atribuir la destitución de Costa a "exigencias de nivel" produjo frotamiento de ojos para verlo y creerlo. Los momentos estelares son únicos, de genio y figura. Su conferencia de prensa revocando la pandemia valenciana de los jetas fue tan floja e insulsa que hubo periodista que roncó. Ignoro quiénes fueron sus asesores de imagen, si Federico Trillo con su cara de crucigrama o las Cospedal y Sáenz de Santamaría durante un alto en sus rifirrafes con Leire Pajín. Quien fuera poca gracia le insufló.

Los pelotazos de la pandemia alcanzaron hasta a la visita del Papa, mereciendo, al saberlo, la reprimenda del Vaticano, mas no hay noticias de nadie poniéndose colorado. Mucha agua bendita, muchas demostraciones callejeras y golpes de pecho, pero los jetas, jetas son. No conocen el descanso, y si no, sigan leyendo: en Barcelona, el Palau de la Música cogió el bacilo y los músicos dan los conciertos con botes de hojalata porque a Millet y Montull les dio la calentura por agujerear la caja y aliviarla de peso. Palma Arena, en las Baleares, de ambiente pepero, con una alegría de treinta o cuarenta millones de euros idos y no vistos, sirve también de modelo, cerrando esta primera crónica de la pandemia.

Y a todo esto, mil millones de seres humanos hambrientos que, literalmente, no tienen donde caerse muertos.