estepona

Friday, April 11, 2008

Ante los hechos que se avecinan y puesto que la memoria parece ser muy débil, al menos para Antonio Barrientos y Rosa Díaz, vamos a recordar, tirando de hemeroteca, lo que publicó el diario El Mundo el día 10 de noviembre de 2001.

Estepona: el poder a toda costa

El Partido Popular arrebatará hoy al PSOE la Alcaldía gracias a una moción de censura presentada junto a ex concejales del GIL

LUIS MIGUEL FUENTESEnviado especial

ESTEPONA .- En la Costa del Sol, los ayuntamientos van más allá de la política, traen una cola de hormigoneras, bancos y suecas. El PP parece que está desarrollando el proyecto ambicioso de hacerse un bello collar con los ayuntamientos costeros, y ahora en Estepona, el PP asalta el poder con una moción de censura que lleva de la mano a los ex GIL reconvertidos en amigos, hechos militantes peperos, vueltos al “centro” tras una devoción rápida y milagrosa que ha olvidado guerras e insultos. El pacto cuatripartito entre PSOE, PP, IU y PA, unidos frente al demonio opulento del GIL, se ha roto. Una vez pasados los concejales del GIL al grupo mixto, el PP ha encontrado aliados olvidados, ya desprendidos de las siglas odiosas. Unidos los 4 concejales del PP con 7 de los 9 ex GIL, están en condiciones de arrebatar la alcaldía a Antonio Barrientos, del PSOE.
El PP, con los ex GIL englobados ya en su disciplina, va a dar la vuelta al ayuntamiento, haciendo caso omiso de las acusaciones de romper el pacto antitránsfugas y la cruzada contra esa forma de hacer política como chalés adosados que representaba el GIL. Estrategia global orquestada por el Javier Arenas para conseguir el poder a toda costa, dicen unos. Respuesta a la parálisis del actual equipo de gobierno, dicen los otros. Sea como fuere, hoy sábado debe presentarse la moción de censura y Estepona vive las horas previas con desencanto y resignación.
La Costa del Sol es ese sillón de oro que todos quieren. Ir hacia Estepona, siguiendo la línea del mar, es ver amanecer urbanizaciones, edificios en esqueleto, grúas que mojan sus pies en el agua y una actividad de ingeniería y velocidad que quiere hacer un paraíso muy blanqueado siempre en “primera línea de playa”. “Luxury Beach Front Project”, anuncian unos floridos estandartes llegando a Estepona, una promesa de cinco estrellas que han llamado horteramente “Ocean Symphony”, casilleros de dúplex que son una “primera fase” que espera ya los permisos de la segunda, que vendrá a llenar un poco más la arena, a terminar de cercar el mar. Hay gente midiendo terrenos, mirando un horizonte de inmediatez como si vieran ya elevarse los primeros fantasmas de los edificios, las moles que taparán el sol y se comerán la tierra.
Estepona es una ciudad que tiene un corazón de pueblo, con sus panaderías y sus tascas, con sus curritos comprando el Marca, pero rodeado luego por un verdor lejano y ecuestre de campos de golf y tranquilidad de ricos. Estepona es un bocado suculento para los negocios, y quizá es esto, al fin y al cabo, lo que justifica todo el movimiento político que hoy sábado terminará, con toda seguridad, con nueva alcaldesa y un futuro cambiado de dueño.
El Ayuntamiento está desmembrado en delegaciones en la Plaza Blas Infante, en el centro de la ciudad. Allí, el viernes, el todavía alcalde Antonio Barrientos firma sus últimos papeles, con una tristeza de sentencia o testamento, reparte unos diplomas de un curso, últimos actos “dentro de lo poquito que parece que me queda”, dice apesadumbrado. Luego, tiene prevista la entrega de un electrocardiógrafo a la delegación municipal de Salud, macabra metáfora de sus últimos latidos como alcalde. En el despacho, una foto de Felipe V, que otorgó el estatuto de villa a la ciudad, independizándola de Marbella. Pequeña ironía o venganza ésta, pues para él, la vuelta al poder de los ex GIL vuelve a convertir a Estepona en protectorado de Marbella.
Antonio Barrientos es médico y tiene pinta de deportista elegante, de tensita maduro. “Estoy tranquilo –comenta-, otros no lo estarán tanto, yo no voy comprando a la gente”. Habla calmadamente, pero con contundencia. “El PP ansía el poder por el poder, al precio que sea. Esto no es un pacto local ­–asegura- sino que viene de Javier Arenas, a cambio de ciertos favores judiciales para Jesús Gil”. Es ésta la teoría que viene defendiendo el PSOE en los últimos días, que este movimiento de los ex GIL hacia el PP, este ganar repentinamente ayuntamientos ayudados de los hombres que impulsaron el proyecto de Jesús Gil en la costa malagueña y gaditana, es un pago en poder por supuestas ayudas al alcalde de Marbella en sus cuitas judiciales.
Antonio Barrientos critica la actitud de Sánchez Bracho, del PP, que “llegó a decir que los ex GIL ‘eran el mismo perro con diferente collar’ y ahora firma con ellos una moción de censura”. Barrientos no se explica el cambio de actitud del PP de Estepona: “¿Es que los ha comprado ahora? ¿Y se le puede dejar la cartera municipal a una persona que decía que [los ex GIL] se robaban los unos a los otros?”, se pregunta. “En el pueblo –continúa- los llaman ahora PP-GIL, pero en realidad son GIL-PP, porque el GIL ha absorbido al PP, ya que tiene más concejales que el PP”. Asegura también que Gil Marín, cuya dimisión como concejal marcó el paso de los hombres del GIL al grupo mixto, se ha reunido con Sánchez Bracho, y que, tras surgir la idea de la moción de censura, el hijo de Jesús Gil se fue reuniendo con los inversores de la zona para tranquilizarlos y asegurarles que “no hay problema”.
En la sede del PP se celebra una rueda de prensa para contestar a las acusaciones del PSOE. Según los populares, ha sido la división entre los ediles socialista, que provocaba la paralización de importantes proyectos, así como la "insostenible" situación económica del Ayuntamiento, lo que ha motivado la moción. Describen como detonante de la situación la negativa a designar a Sánchez Bracho representante del Ayuntamiento en la asamblea de Unicaja, que afirman fue lo que rompió verdaderamente el pacto.
Manuel Sánchez Bracho habla por teléfono después de la rueda de prensa, bastante airado. Canoso de pelo y barba y algo regordete, Sánchez Bracho tiene cierta similitud con el abuelo de Heidi. Explica que “[el PSOE] empezó a boicotear todos los proyectos que teníamos, y cuando se gobierna es para sacar adelante el programa electoral, y si no es un fraude”. Esta es la razón que les lleva a presentar la moción. Rechaza que el PP haya roto el pacto anti GIL: “No hemos pactado con el GIL, sino con nuestros propios compañeros que han entrado en el PP. Nos preocupa bastante que se nos relacione con el GIL porque el PP ha llevado siempre la bandera anti GIL. Han tenido que pasar cosas muy graves para que tengamos que recurrir a esto”. Niega que las connivencias con los ex GIL sean una maniobra global orquestada por Javier Arenas, y niega también haberse reunido con Gil Marín: “si se me presenta una sola prueba, me voy de la política”.
Parecidos argumentos utiliza José Gerez, uno de los ex hombres del GIL, recogido ahora bajo las siglas del PP. “Los ciudadanos no estaban contentos, las delegaciones importantes no funcionaban y los proyectos no se cerraban. No podíamos seguir mirando lo que estaba ocurriendo sin actuar”. Sobre el talante de los hombres que fueron del GIL declara que “no somos demonios, hemos demostrado nuestra capacidad de trabajo y Estepona verá pronto que todo esto ha sido para bien”.
Pero la extraña unión del PP y los ex GIL, con el fondo de todos los intereses urbanísticos de la zona, sigue levantando suspicacias. Mucho dinero en juego y unos argumentos no demasiado convincentes por parte del PP, que mediante un transfuguismo en masa bellamente maquillado, ahora une Estepona a otras ciudades en las que también amarró o deglutió a lo quedó del GIL, como La Línea. Hoy sábado, y si algún hecho extraordinario no lo impide, el PP acabará gobernando Estepona con una mayoría artificial y contrahecha. Nuestra democracia sigue consintiendo pequeñas trampas y picardías que llaman a la desconfianza o, sencillamente, a la desilusión.